La Inquisición española, establecida en 1478 para defender la ortodoxia católica, pronto trascendió su función religiosa y se convirtió en un sistema de control social basado en el dogma, el secreto y la delación institucionalizada. Su procedimiento judicial transformó a cada vecino en un potencial informante y legitimó la tortura como herramienta legal. Abordamos dos casos emblemáticos: la persecución de los judeoconversos bajo el primer Gran Inquisidor, Tomás de Torquemada, y el proceso contra las brujas de Zugarramurdi en 1610. Finalmente, examinamos cómo estos episodios históricos alimentaron la “leyenda negra” y consolidaron la figura de la Inquisición en el imaginario moderno.

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